Hay putas con suerte. Mi amigo solía repetir esta frase cada vez que un chico guapo pasaba junto a una de esas mujeres que disfrutan ser envidiadas y sostienen como un trofeo la mano de su acompañante. Sin mayor análisis, lanzaba una carcajada, y continuabamos el camino entre los tropiezos de la borrachera.
Con la resaca y la luz del día golpeando aún más fuerte mi cabeza, repasaba la famosa frase, pensando en qué se necesita para convertirse en un par de piernas eternamente largas, estrategicamente abiertas y masivamente deseadas, mientras mi caminata torpe hasta el baño me recordaba que cualquier respuesta sería inútil.
domingo, agosto 02, 2009
sábado, octubre 04, 2008
Black Rebel Motorcycle Club
Mientras escribo esto recuerdo una crítica de cine sobre "No country for old men", donde mi compañero analizaba algo así como el porcentaje de acciones absurdas que cabían en el mundo. Y yo me lo pregunto también, después de una serie de eventos que quedan atrás por las extensas horas de sueño, haciéndote creer que todo lo vivido no es más que parte de ese mundo onírico, en el que las probabilidades del absurdo son aún más altas.
Salir de clases, correr hasta puerta de un teatro donde toca una banda que no conoces, pero que las posibilidades del oficio te permiten el riesgo, pasar dos horas descubriendo que valía la pena el cansancio y el sonido estridente, y finalmente, lo imposible. Cuando las luces se apagan y se desconectan los cables y las mesas de audio, cuando es tiempo de partir con el gusto a poco, con la necesidad imperiosa de una tienda de música con horario continuado para comprar el disco en el instante en que tu cuerpo lo pide a gritos, cuando todo ya fue, pasa lo impensable. Él lee tu pensamiento y sale con la guitarra al hombro, se acerca a los despistados que siguen en las puertas del teatro planeando el resto de la noche, comentando el sonido, adquiriendo chapitas, tazones, gorros, poleras y calcomanías, él atraviesa entre la multitud que no entiende nada, y mientras se miran unos a otros con cara de plop al más estilo condorito, improvisa sobre un auto un escenario y canta para tí. Canta sin importar que los guardias griten, exclamen, tironeen y corran de un lado a otro con sus radios. Él sigue cantando, más allá de lo absurdo, para tí.
Salir de clases, correr hasta puerta de un teatro donde toca una banda que no conoces, pero que las posibilidades del oficio te permiten el riesgo, pasar dos horas descubriendo que valía la pena el cansancio y el sonido estridente, y finalmente, lo imposible. Cuando las luces se apagan y se desconectan los cables y las mesas de audio, cuando es tiempo de partir con el gusto a poco, con la necesidad imperiosa de una tienda de música con horario continuado para comprar el disco en el instante en que tu cuerpo lo pide a gritos, cuando todo ya fue, pasa lo impensable. Él lee tu pensamiento y sale con la guitarra al hombro, se acerca a los despistados que siguen en las puertas del teatro planeando el resto de la noche, comentando el sonido, adquiriendo chapitas, tazones, gorros, poleras y calcomanías, él atraviesa entre la multitud que no entiende nada, y mientras se miran unos a otros con cara de plop al más estilo condorito, improvisa sobre un auto un escenario y canta para tí. Canta sin importar que los guardias griten, exclamen, tironeen y corran de un lado a otro con sus radios. Él sigue cantando, más allá de lo absurdo, para tí.
jueves, septiembre 18, 2008
Nada
Pensamos que no puede volver a pasar, pero no es cierto. Tras cada imagen que capturamos recordamos lo lejos que estamos de superar esa visión, esa nostalgia que nos agobia.
Entonces recuerdo tus palabras, y caigo nuevamente.
¿Todo debe ser tan cruel? Aprender desde el error parece innecesario. ¿No puede ser todo correcto desde el principio?
Deberíamos dejar esa ilusión en el olvido, entender que al final no hay nada. Ni túneles, ni luces. Nada. Se acabó el tiempo y lo perdimos pensando en quiénes somos.
Quisiera retroceder hasta ese espacio en que todo parecía ambiguo, donde se podía elegir un pensamiento. Hoy se queda todo concreto, no hay opciones. Hoy sólo es hoy, y mañana? Mañana será nuevamente hoy.
Entonces recuerdo tus palabras, y caigo nuevamente.
¿Todo debe ser tan cruel? Aprender desde el error parece innecesario. ¿No puede ser todo correcto desde el principio?
Deberíamos dejar esa ilusión en el olvido, entender que al final no hay nada. Ni túneles, ni luces. Nada. Se acabó el tiempo y lo perdimos pensando en quiénes somos.
Quisiera retroceder hasta ese espacio en que todo parecía ambiguo, donde se podía elegir un pensamiento. Hoy se queda todo concreto, no hay opciones. Hoy sólo es hoy, y mañana? Mañana será nuevamente hoy.
domingo, agosto 10, 2008
A través del universo Beatles
Para recordar tiempos añejos, de uniforme y melodías grunge, una amiga del colegio vino a quedarse conmigo, estilo pijama party, el viernes después del trabajo.
Provistas de dos tipos de pizza comenzamos la función de cine.
"Across the universe" rodó en el lector de dvd, mientras nosotras, sin saber mucho de qué se trataba, esperabamos una película liviana, estilo comedia romántica con buena banda sonora.
El resultado fue otro. Un musical moderno entretenido y con contenido. Sí! es posible.
Había leído hace un tiempo algunos comentarios sobre la cinta, pero como nunca llegó al cine, sino que fue directo a parar a los discos envasados, terminé por comprarla y dejarla a un lado esperando que las ditribuidoras se arrepintieran y la mostraran en pantalla grande.
Nada pasó y terminó siendo humildemente reproducida en mi 14 pulgadas.
Nuevas versiones tras grandes actuaciones fueron recordándonos más los viejos tiempos que nuestras conversaciones acerca de profesores y compañeras del pasado.
Porque al final The Beatles terminan llenando cada rincón de la existencia humana. Imagino que si alguien nunca se ha sentido tocado en cierta medida por los chicos de Liverpool, podría bien considerarse un androide.
Una historia que se cruza con otra y que entre todas van entrelazando la misma de los músicos más grandes de la Historia. Y esas imágenes acabadas. Y las voces. Y los diálogos. Y hasta los lugares comunes se sientes necesarios, porque al final, los Beatles impulsaron muchos de ellos, y si no me creen, All you need is love.
Provistas de dos tipos de pizza comenzamos la función de cine.
"Across the universe" rodó en el lector de dvd, mientras nosotras, sin saber mucho de qué se trataba, esperabamos una película liviana, estilo comedia romántica con buena banda sonora.
El resultado fue otro. Un musical moderno entretenido y con contenido. Sí! es posible.
Había leído hace un tiempo algunos comentarios sobre la cinta, pero como nunca llegó al cine, sino que fue directo a parar a los discos envasados, terminé por comprarla y dejarla a un lado esperando que las ditribuidoras se arrepintieran y la mostraran en pantalla grande.
Nada pasó y terminó siendo humildemente reproducida en mi 14 pulgadas.
Nuevas versiones tras grandes actuaciones fueron recordándonos más los viejos tiempos que nuestras conversaciones acerca de profesores y compañeras del pasado.
Porque al final The Beatles terminan llenando cada rincón de la existencia humana. Imagino que si alguien nunca se ha sentido tocado en cierta medida por los chicos de Liverpool, podría bien considerarse un androide.
Una historia que se cruza con otra y que entre todas van entrelazando la misma de los músicos más grandes de la Historia. Y esas imágenes acabadas. Y las voces. Y los diálogos. Y hasta los lugares comunes se sientes necesarios, porque al final, los Beatles impulsaron muchos de ellos, y si no me creen, All you need is love.
domingo, julio 06, 2008
La vida se de-mora
Morado es mi color favorito. Mis amigas lo saben. Por eso no se sorprenden cuando a nuestra primera junta - con la nueva integrante incluída - aparezco con mis botas nuevas púrpura brillante violento. Me reciben con abrazos y comentarios que me van alegrando la noche. Incluso el dichoso único miembro masculino del encuentro, quien entre buena y mala onda, va tirando al aire frases sobre estilo de vestuario y otras ciencias inexactas.
Pero al final, nada de eso importa. En realidad nunca importa, ni al principio ni al final.
Miro a las niñas y pienso que tres es un buen número, aunque en mi serie favorita eran cuatro, nosotras somos un buen equipo de a tres partes - claro, con la ayuda de esa cuarta parte que es la tercera de otra medida geométrica-. Nos complementamos, nos compartimos, nos contrastamos y nos necesitamos. Al menos yo las necesito, y al parecer cada día más.
Porque mientras avanza la noche y mi "chape" se acelera, también avanzan frente a mis ojos las imágenes de un gran encuentro, que a pesar de todo lo bien que lo estamos pasando, me va dejando ese gusto amargo que reaparece como un reflujo persistente.
Y la fiesta sigue. Y siguen llegando personajes. De todos los tipos los hay, esos que van haciendo la conversación más amena, esos que discuten cada punto expuesto sobre la mesa, esos que se convencen de que nada puede ser tan necesariamente impuesto. Con unos estoy de acuerdo, con otros no. Pero eso es lo más entretenido.
Bebemos, reímos, cantamos y bailamos. Me da gusto el cuadro. Se ven bien todos. Pero pienso que ya es hora de irme, de volver al estado permanente de cuestionamiento, cuando sólo queden el olor a cigarro, la sed descomunal y las botas púrpura brillante violento que me mirarán al despertar.
Pero al final, nada de eso importa. En realidad nunca importa, ni al principio ni al final.
Miro a las niñas y pienso que tres es un buen número, aunque en mi serie favorita eran cuatro, nosotras somos un buen equipo de a tres partes - claro, con la ayuda de esa cuarta parte que es la tercera de otra medida geométrica-. Nos complementamos, nos compartimos, nos contrastamos y nos necesitamos. Al menos yo las necesito, y al parecer cada día más.
Porque mientras avanza la noche y mi "chape" se acelera, también avanzan frente a mis ojos las imágenes de un gran encuentro, que a pesar de todo lo bien que lo estamos pasando, me va dejando ese gusto amargo que reaparece como un reflujo persistente.
Y la fiesta sigue. Y siguen llegando personajes. De todos los tipos los hay, esos que van haciendo la conversación más amena, esos que discuten cada punto expuesto sobre la mesa, esos que se convencen de que nada puede ser tan necesariamente impuesto. Con unos estoy de acuerdo, con otros no. Pero eso es lo más entretenido.
Bebemos, reímos, cantamos y bailamos. Me da gusto el cuadro. Se ven bien todos. Pero pienso que ya es hora de irme, de volver al estado permanente de cuestionamiento, cuando sólo queden el olor a cigarro, la sed descomunal y las botas púrpura brillante violento que me mirarán al despertar.
domingo, junio 29, 2008
Mi persona favorita
Hay días que son como la noche. Como la noche anterior, cuando las cosas parecían ir de maravilla.
Pero pasan, y vuelven los días como todos los 364 restantes, esos que te obligan a definirte en el entorno, sólo para darte cuenta lo mal que va todo. O todos.
Y aún así, sigo creyendo, ilusa, idiota, hasta inocente quizás, que no puede ser siempre así, que cambiará pronto, que daremos un vuelco. Creo tanto tanto, que cada decisión que tomo es para comprobar que cada instante se puede virar, retroceder o avanzar hasta el precipicio. Y al parecer no me comparten, porque la vida nunca me devuelve la mano. Nunca suena el teléfono de sorpresa, o el timbre, para sacarte de la rutina. No. Siempre soy yo esa, la del otro lado.
Entonces recuerdo que a veces eres tú también, creando el espacio perfecto, el momento. Y lo pasamos genial. Te lo repito en cada salida, porque se te olvida, y pienso que es mi deber recordarte lo importante que eres, lo impresionante que es saberme parte de tu vida.
Tus risas, nuestros temas, las bromas, los bailes, las coincidencias. Tu fuerza, tu corazón. Una suma a partir de las miles de partes que te componen para ser esa persona que tanto quiero.
Mi persona favorita.
Pero pasan, y vuelven los días como todos los 364 restantes, esos que te obligan a definirte en el entorno, sólo para darte cuenta lo mal que va todo. O todos.
Y aún así, sigo creyendo, ilusa, idiota, hasta inocente quizás, que no puede ser siempre así, que cambiará pronto, que daremos un vuelco. Creo tanto tanto, que cada decisión que tomo es para comprobar que cada instante se puede virar, retroceder o avanzar hasta el precipicio. Y al parecer no me comparten, porque la vida nunca me devuelve la mano. Nunca suena el teléfono de sorpresa, o el timbre, para sacarte de la rutina. No. Siempre soy yo esa, la del otro lado.
Entonces recuerdo que a veces eres tú también, creando el espacio perfecto, el momento. Y lo pasamos genial. Te lo repito en cada salida, porque se te olvida, y pienso que es mi deber recordarte lo importante que eres, lo impresionante que es saberme parte de tu vida.
Tus risas, nuestros temas, las bromas, los bailes, las coincidencias. Tu fuerza, tu corazón. Una suma a partir de las miles de partes que te componen para ser esa persona que tanto quiero.
Mi persona favorita.
sábado, junio 21, 2008
Como una película
Es como una película. Ambos lo pensamos, y lo dijimos muchas veces.
De verdad lo creí.
Me entregué a la historia, siguiendo paso a paso las notas en el guión, imaginando que la noche nos iría despertando con una pauta distinta, desconocida, dándole un vuelco a las pocas variables que podíamos controlar.
Sigo sin saber muy bien cómo pasó todo.
Comenzó por la mañana, siendo un día de esos que te atrapan sacándote a tirones de la cama.
El viaje, la caminata y las hojas del libro que leo fueron contando las horas en silencio, haciendo que fuese aún más brutal el encuentro con mis ganas, con la necesidad de hacer lo que pienso sin pensar.
Entonces apareciste ahí, como un detalle que se recortaba en el horizonte. Y quebré ese encanto cortando el silencio con el suave movimiento de mi voz.
Llegó la tarde, como la sentencia impostergable del adiós, de la despedida enmudecida, apartándome de lo que aún no sabía que vendría. Hasta que apareció.
Cada paso que di desde ese tibio instante fue arrastrándome hacia un lugar donde dos miradas se encuentran para detener el mundo.
Pero el mundo no se detuvo, al contrario. Las calles, las luces y el sonido fueron pasando frente a nosotros cada vez más rápido, y como si se tratara de una competencia, nuestra historia avanzó aún más aprisa.
Ahora, con la calma de la rutina, recuerdo el análisis previo al desencuentro.
Hablamos de un final para las cosas, para nuestro improvisado guión. Me apresuré y dije dramático, dije quiebre, dije vuelco. Y tuve razón.
Mientras repaso 12 horas de cinta, veo como los rayos de un día que será perdido erosionan la memoria, sin pastillas, sin Ray Loriga.
De verdad lo creí.
Me entregué a la historia, siguiendo paso a paso las notas en el guión, imaginando que la noche nos iría despertando con una pauta distinta, desconocida, dándole un vuelco a las pocas variables que podíamos controlar.
Sigo sin saber muy bien cómo pasó todo.
Comenzó por la mañana, siendo un día de esos que te atrapan sacándote a tirones de la cama.
El viaje, la caminata y las hojas del libro que leo fueron contando las horas en silencio, haciendo que fuese aún más brutal el encuentro con mis ganas, con la necesidad de hacer lo que pienso sin pensar.
Entonces apareciste ahí, como un detalle que se recortaba en el horizonte. Y quebré ese encanto cortando el silencio con el suave movimiento de mi voz.
Llegó la tarde, como la sentencia impostergable del adiós, de la despedida enmudecida, apartándome de lo que aún no sabía que vendría. Hasta que apareció.
Cada paso que di desde ese tibio instante fue arrastrándome hacia un lugar donde dos miradas se encuentran para detener el mundo.
Pero el mundo no se detuvo, al contrario. Las calles, las luces y el sonido fueron pasando frente a nosotros cada vez más rápido, y como si se tratara de una competencia, nuestra historia avanzó aún más aprisa.
Ahora, con la calma de la rutina, recuerdo el análisis previo al desencuentro.
Hablamos de un final para las cosas, para nuestro improvisado guión. Me apresuré y dije dramático, dije quiebre, dije vuelco. Y tuve razón.
Mientras repaso 12 horas de cinta, veo como los rayos de un día que será perdido erosionan la memoria, sin pastillas, sin Ray Loriga.
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